'Creo que estos dos años han probado que Petro es mala persona': Senadora Angélica Lozano.

Enlace para leer la entrevist completa en:https://www.eltiempo.com/cultura/soy-una-ciudadana-que-hace-politica-angelica-lozano-en-bocas-535027

A continuación la entrevista completa:

Por: Gustavo Gómez Córdoba 31 de agosto 2020 , 07:20 a. m.

Espontánea. La senadora Angélica Lozano no es angelical. Los seres angelicales solo existen en las nubes. Y a ella le dieron los pies para estar en la tierra. Grata, natural y sincera, sí. Tiene una enorme sonrisa que vino a cuajar después de los duros años de colegio. Era la niña equis del salón, la que se orinaba en clase y los otros matoneaban. La primera foto familiar, con papá y mamá a su lado, fue la de su primera comunión. Antes de eso, solo ausencias.

No compró lotería para ganarse algo de lo que tiene. Las causas sociales, la lucha contra la corrupción y la veeduría ciudadana están en sus raíces. Es abogada de la Sabana con maestría en Gerencia y Práctica del Desarrollo en los Andes. De concejala pasó a representante y es hoy una senadora respaldada por sólidas votaciones. La lista de lo que ha sido podría seguir por párrafos y párrafos. Pero es más importante lo que es: Angélica es una persona. Con defectos y madrazos de por medio, pero, más allá de los detalles de cotilleo, una servidora pública que está del lado de la gente de a pie. Le gusta el agua pura; aborrece el 'fracking'. Les tiene respeto a los perros, así que aprendió a amar a Lucky, el labrador que comparte ladridos con ella y su esposa, la alcaldesa Claudia López. Es inconstante, amiga de dejar las cosas personales a medio camino, pero nunca ha incumplido un deber profesional. Siempre en movimiento, lo único que tiene estático es una bicicleta a la que se ha subido dos veces en seis meses, pero “me sirve de perchero y para colgar el morral”. Vive con su esposa en un edificio viejo, estrecho, frente al Parque de los Hippies, que podrá ser de ellos, pero dicen algunos que se llama Antonio José de Sucre y, otros, Julio Flórez. A ella la llaman política, pero se siente, sobre todo, ciudadana con deberes públicos. Los vecinos les regalaron una hamaca el día en que Claudia fue elegida alcaldesa y hasta arreglaron la portería porque “dijeron que era mejor tener una linda entrada, adorados, ahora que iba a venir tanta gente importante”. Su primer voto fue para Íngrid Betancourt (en reconocimiento a su férrea posición frente a Ernesto Samper), mientras hacía prácticas sociales con Opción Colombia, en Puerto Nariño, Amazonas. Es la única persona en el mundo que le ha regalado un conejo de piñata a Humberto de la Calle. Le teme al sectarismo; a la gente que persigue, calumnia y crucifica. Ahorra para comprarse un carro eléctrico. Lo único que necesita en la vida es ser feliz. Y lo único que no necesita es una Constituyente: “Basta con que respetemos la de 1991”. Solo ella sabe si lo tiene todo. Por lo pronto, aparte de Lucky, no tiene un hijo, pero en esas anda.

Comencemos por el final: el remate de la entrevista con Claudia López en BOCAS, cuando, recién electa, nos dijo que usted y ella estaban empeñadas en ser madres. ¿La pandemia suspendió ese sueño?

No. Estamos buscándolo activamente. La reacción para mí, al principio de la pandemia, fue ¡uy, paremos! Y pensé en bajarle la velocidad al tratamiento, porque no sabíamos para dónde iba el mundo. Claudia dijo que “la vida no puede ser este martirio” y decidimos aferrarnos a ella. Tengo 44 años y la edad hace parte de las viabilidades, así que estamos en manos del ginecólogo Juan Carlos Mendoza, el mismo médico de Alexandra Montoya, de 'La Luciérnaga', que me pasó el dato hace un par de años. Lo dejé ahí como guardado, pero cuando ella publicó el libro en que cuenta su experiencia, lo busqué entre mis cosas y llamé. Vamos bien.

¿Si es niño le pondrían Antanas?

¡No, ya con Nayibe y Lisbeth es suficiente en esta familia!

Sigamos con las mamás. La suya quedó en embarazo siendo muy joven. ¿Qué pasó con su papá?

¡Se “voló”! El amor con mi papá es una cosa increíble. Él fue muy hábil, porque lo vine a conocer cuando tenía diez años. Donde aparezca un poco después y me coja en un momento de mayor rebeldía y empoderamiento, las cosas habrían sido diferentes. Me dio “mermelada”, porque sabía que a mí me llevaban a cine solo en vacaciones, junio y diciembre, y cuando reapareció, íbamos a cine miércoles y sábados.

Creo que estos dos años han probado que Petro es mala persona. Comparto su visión en muchos aspectos, pero tiene una incapacidad de ejecución que probó en la Alcaldía

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Tremendo estratega…

Un genio. En la casa me daban sopa y duraba cuatro horas para tomármela. Mis tías decían que era una “desgalamida”, así que él tomaba nota y, cuando salíamos, me aplicaba tremenda hamburguesa de Wimpy. ¡Me compró vilmente! Pero detrás de eso, que es anecdótico, está algo más valioso: al conocerme grande, me hablaba como tal. Este es el momento en que no he tocado el asunto del sexo con mi mamá, pero papá, a los doce, ya me estaba hablando de anticonceptivos, y hace unos veinte años fue el primero al que le confesé que me estaban gustando las mujeres. Lo adoro. Nuestra relación es increíble.

¿Sus papás pudieron tener una relación civilizada y superar lo de la “volada”?

Claro. El día de mi “madrazo” en la sesión del Senado, papá llamó a mi mamá, angustiado, pensando en las consecuencias. Ellos son de un pueblo que se llama Arbeláez, en Cundinamarca, al que él regresó hace dos años y ella, también, pero por la pandemia. Cada uno se casó por su lado y tienen dos hijos varones, de edades muy similares, así que soy la mayor. Viven sus vidas, pero echan chisme de lo lindo.

¿Da lo mismo una casa con papá y mamá que solo con mamá?

Lo que importa es el amor. A mí me lo dieron mis tías y mis abuelos, que me criaron, porque a mi mamá le tocó muy duro. Ella metió la pata por allá en 1975 y la sacaron de su pueblo, pues era una cosa vergonzosa. Fue una crueldad mandarla a Bogotá. Ella solo regresaría al pueblo al entierro de su mamá, de mi abuela, cuando yo tenía cinco años. El mejor hogar es aquel en el que haya quien lo adore a uno. Tuve tanto amor que, la verdad, no me di cuenta de que no tenía papá ni mamá presentes.

¿Cuál es la gran figura masculina de su infancia?

Mi abuelo Aníbal, que fue una especie de papá. Falleció con 96 años. Les había dicho a mi mamá y a mis tías: “¡Pasé el año!”. No pudo. Murió el 31 de diciembre.

¿Es cierto que hay roces con familiares suyos que son ultrauribistas?

Por parte de mamá, son liberales. Por el lado de mi papá son conservadores, godos, y con retratos de metro y medio de Álvaro Gómez en casa. De diez años para acá, uno de los hermanos de mi papá, que era apático a la política, se volvió uribista nivel autómata: pone en su cuenta de Facebook fotomontajes míos con boina de guerrillera. Pero no lo molesto, no lo toreo; incluso tengo una muy buena relación con sus hijas. Con los demás tíos uribistas me la llevo bien.

¿Uribe libre o Uribe preso?

Uribe como determine la justicia.

Usted tiene fama de ser “pila” en su trabajo en el Congreso. Si es tan juiciosa, ¿por qué pasó por once colegios?

Cuando murió mi abuelita, quedó mi abuelo a cargo de dos hijos adolescentes y decidieron mandarme a vivir con mi mamá. Hubo mucho desbarajuste para ella teniéndome en Bogotá, así que me cambiaba de colegio cada seis meses. Luego regresé a Arbeláez y de nuevo a Bogotá. Fue una primaria de muchos cambios. El bachillerato sí lo hice solo en dos colegios, ambos de monjas.

¿Ahí descubrió su inclinación sexual?

No, eso fue bien tarrrrrrrrde. Soy muy lenta: me enfrenté a lo que sentía por las mujeres después de que terminé la universidad. La que me ayudó fue alguien muy especial, entonces promotora del Referendo conmigo, que hoy es profesora de la Universidad del Rosario. No digo su nombre para no cometer una indelicadeza con ella, pero me dio un beso que me dejó la inquietud sembrada.

Al estar con novios tanto tiempo, ¿no sentía un vacío, algo que no funcionaba?

No. Tuve apenas dos novios, los dos maravillosos. Fueron pocos, por los cambios y porque estudié interna varios años en Madrid, Cundinamarca.

¿Con quién se dio el primer beso?

De niña, casi adolescente, me di un beso con Nelson Pardo, un amiguito de Arbeláez que actualmente vive en Villavicencio.

¿Besa tan bien Claudia López como Nelson Pardo?

Claudia es, para todo, lo mejor

Parte de lo que usted es hoy está íntimamente ligado a la radio. ¿Qué tan determinante en su vida fue el “loro”?

Mucho. En el internado, me acostaba con mi Walkman escuchando A que no me duermo, conducido por Deysa Rayo, en Radioacktiva, y por la mañana, que no era muy frecuente en la gente de mi edad, oía noticias. En alguna ocasión, un amigo de la familia nos habló de un programa que se llamaba 'Viva FM' y lo sintonicé al día siguiente. Desde entonces, soy “julista”. Era adicta a opinar en la línea abierta de Viva FM, con Julio Sánchez Cristo, durante el proceso 8.000. No soy extremista, creo, porque me desahogué y quemé esa etapa opinando sobre Ernesto Samper. Fui tan antisamperista, que incluso perdí amigos. Así que, en el 2001, cuando entró Uribe a mi vida, me prometí tomarme a este tipo de personajes de una manera diferente. Me juré que Uribe no me iba a agobiar como lo hizo Samper.

¿Terminó convirtiéndose en personaje radial de tanto llamar?

Claro, entre otras porque tengo una vocecita chillona que ellos comenzaron a reconocer cuando me entraban las llamadas. Me tomaban del pelo y me ponían a hablar y hablar y hablar. Pasaron los años y tuve mi primer trabajo pago como asistente de Íngrid Betancourt, puesto que dejé, con mucho agradecimiento, cuando ella se lanzó a la Presidencia. Creía, y sigo haciéndolo, en una política más colectiva. Mientras buscaba trabajo, me apliqué un debate de once horas que hizo Gustavo Petro sobre Banpacífico. Al otro día, Julio hablaba del asunto y no la tenían clara. Marqué y les conté lo que vi, y eran muertos de la risa. Me dijeron desocupada, que cómo oía en pijama once horas de un debate. Estuve 28 minutos al aire y les confesé que no tenía trabajo. Apenas colgué, me llamaron a pedirme que me presentara a la semana siguiente por una plaza al lado de Antonio Navarro. Lo primero que me dijo Antonio fue: “¿Cuándo empiezas?”.

Años después, arrancó su carrera pública. ¿Julio supo que usted era usted?

Sí, cuando me nombraron alcaldesa local de Chapinero me llamó Julio a entrevistarme sobre un operativo en una discoteca y él, como Alberto Casas, me reconoció de inmediato. En alcaldesa iba ya la niña-joven-oyente.

¿Siente que ha tenido una vida muy “movida”?

Sí, incluso hay un chiste que hacemos entre amigos: que me gasté el sueldo de congresista en psicoanálisis y ortodoncia. Después de mucho conversar con la doctora que consultaba, le dije que mi vida era como sacada de una novela de Corín Tellado. Ella respondió: “de Corín Tellado, no; de García Márquez”.

Pero si usted insiste en bajarles el salario a los congresistas, ¡no les va a alcanzar para las ortodoncias y el psicoanálisis!

Es que son 40 salarios mínimos, así que, si les bajamos a 25, les sigue alcanzando.

Se ha hecho, como dicen, a pulso. ¿Le molesta que la vean como “la esposa de Claudia López”?

Me molesta solo cuando lo dicen para minimizarme y para borrar mi mérito y trayectoria. Ahí me tocan una fibra muy sensible y me pongo como una tigra. Hace poco, en un debate sobre el hospital San Juan de Dios, le desbaraté a Petro mil argumentos. Él dijo que yo estaba allí cumpliendo un rol y que todos sabían eso. Pedí réplica para recordarle que no estoy en el Congreso cumpliendo un rol, sino por ser la tercera votación del Senado en Bogotá: primero Mockus, luego Uribe y, después, yo.

¿Ahí descubrió su inclinación sexual?

No, eso fue bien tarrrrrrrrde. Soy muy lenta: me enfrenté a lo que sentía por las mujeres después de que terminé la universidad. La que me ayudó fue alguien muy especial, entonces promotora del Referendo conmigo, que hoy es profesora de la Universidad del Rosario. No digo su nombre para no cometer una indelicadeza con ella, pero me dio un beso que me dejó la inquietud sembrada.

Al estar con novios tanto tiempo, ¿no sentía un vacío, algo que no funcionaba?

No. Tuve apenas dos novios, los dos maravillosos. Fueron pocos, por los cambios y porque estudié interna varios años en Madrid, Cundinamarca.

¿Con quién se dio el primer beso?

De niña, casi adolescente, me di un beso con Nelson Pardo, un amiguito de Arbeláez que actualmente vive en Villavicencio.

¿Besa tan bien Claudia López como Nelson Pardo?

Claudia es, para todo, lo mejor

Parte de lo que usted es hoy está íntimamente ligado a la radio. ¿Qué tan determinante en su vida fue el “loro”?

Mucho. En el internado, me acostaba con mi Walkman escuchando A que no me duermo, conducido por Deysa Rayo, en Radioacktiva, y por la mañana, que no era muy frecuente en la gente de mi edad, oía noticias. En alguna ocasión, un amigo de la familia nos habló de un programa que se llamaba 'Viva FM' y lo sintonicé al día siguiente. Desde entonces, soy “julista”. Era adicta a opinar en la línea abierta de Viva FM, con Julio Sánchez Cristo, durante el proceso 8.000. No soy extremista, creo, porque me desahogué y quemé esa etapa opinando sobre Ernesto Samper. Fui tan antisamperista, que incluso perdí amigos. Así que, en el 2001, cuando entró Uribe a mi vida, me prometí tomarme a este tipo de personajes de una manera diferente. Me juré que Uribe no me iba a agobiar como lo hizo Samper.

¿Terminó convirtiéndose en personaje radial de tanto llamar?

Claro, entre otras porque tengo una vocecita chillona que ellos comenzaron a reconocer cuando me entraban las llamadas. Me tomaban del pelo y me ponían a hablar y hablar y hablar. Pasaron los años y tuve mi primer trabajo pago como asistente de Íngrid Betancourt, puesto que dejé, con mucho agradecimiento, cuando ella se lanzó a la Presidencia. Creía, y sigo haciéndolo, en una política más colectiva. Mientras buscaba trabajo, me apliqué un debate de once horas que hizo Gustavo Petro sobre Banpacífico. Al otro día, Julio hablaba del asunto y no la tenían clara. Marqué y les conté lo que vi, y eran muertos de la risa. Me dijeron desocupada, que cómo oía en pijama once horas de un debate. Estuve 28 minutos al aire y les confesé que no tenía trabajo. Apenas colgué, me llamaron a pedirme que me presentara a la semana siguiente por una plaza al lado de Antonio Navarro. Lo primero que me dijo Antonio fue: “¿Cuándo empiezas?”.

Años después, arrancó su carrera pública. ¿Julio supo que usted era usted?

Sí, cuando me nombraron alcaldesa local de Chapinero me llamó Julio a entrevistarme sobre un operativo en una discoteca y él, como Alberto Casas, me reconoció de inmediato. En alcaldesa iba ya la niña-joven-oyente.

¿Siente que ha tenido una vida muy “movida”?

Sí, incluso hay un chiste que hacemos entre amigos: que me gasté el sueldo de congresista en psicoanálisis y ortodoncia. Después de mucho conversar con la doctora que consultaba, le dije que mi vida era como sacada de una novela de Corín Tellado. Ella respondió: “de Corín Tellado, no; de García Márquez”.

Pero si usted insiste en bajarles el salario a los congresistas, ¡no les va a alcanzar para las ortodoncias y el psicoanálisis!

Es que son 40 salarios mínimos, así que, si les bajamos a 25, les sigue alcanzando.

Se ha hecho, como dicen, a pulso. ¿Le molesta que la vean como “la esposa de Claudia López”?

Me molesta solo cuando lo dicen para minimizarme y para borrar mi mérito y trayectoria. Ahí me tocan una fibra muy sensible y me pongo como una tigra. Hace poco, en un debate sobre el hospital San Juan de Dios, le desbaraté a Petro mil argumentos. Él dijo que yo estaba allí cumpliendo un rol y que todos sabían eso. Pedí réplica para recordarle que no estoy en el Congreso cumpliendo un rol, sino por ser la tercera votación del Senado en Bogotá: primero Mockus, luego Uribe y, después, yo.

¿Cuál de las dos pasó de la charla política a lo personal?

En alguna ocasión fuimos a un sitio maravilloso, El Perro y la Calandria, a gozar con música de plancha, y en el clima flotaba el interés, pero también la absoluta timidez de las dos. No pasó nada. Mucho después, estudiando ella en Estados Unidos, le escribí a propósito de los cien días de Petro en la alcaldía, porque quería tener su lectura de ese arranque de gestión. Nunca le llegó el correo. A los dos días, vi que trinaba diciendo que estaba viendo a un tipo, armado, en la 17 con 53, y no me sonó a dirección de Boston. La llamé, me contó que estaba en Bogotá y nos pusimos cita para hablar de política.

¿Y después de la política pasó algo?

Era viernes y ella me confesó que estaba “entusada”, que le habían terminado y que se iba con un amigo en plan de “desentuse”, a desahogarse. Me le monté al plan. En la casa del amigo solo había tequila. Tomo whisky, porque todo lo demás me prende, pero esa noche él hizo margaritas y tocó tomármelos. Sin esos margaritas, que vencieron la timidez, no estaríamos juntas.

¿En casa usted es la “buena papa” y ella la malgeniada?

Ella es adorada, es superfácil de llevar. El carácter recio es para la deliberación pública. En casa es un dulcecito. Y yo no tanto.

¿Roncan?

Solo yo.

¿De qué lado de la cama duermen?

Uy, la cama… ¿a qué lado es que estamos en la cama?

Veo que tiene problemas para saber si está en la izquierda…

Es que soy una especie de Siri: sin ayuda, me pierdo hasta en Galerías. Pero ya me acordé: duermo a la izquierda y ella a la derecha.

¿Cómo reaccionan cuando las insultan en la calle?

Solo una vez, ocho días antes del plebiscito por la paz, alguien nos gritó “areperas de las Farc”. De resto, puro amor en las calles. Por eso he llegado a la conclusión de que el mundo de odio, insulto y calumnia de las redes es mera ficción. En la vida real solo hay cariño y educación; cuando mucho, indiferencia

¿Tiene compañeros homofóbicos en el Congreso?

Sí, pero ahí lo van manejando. Y hasta se esfuerzan por tener buenas relaciones, porque la homofobia y el machismo del Congreso son, ni más ni menos, reflejo de lo que hay en nuestra cultura. He tenido muchos momentos divinos en que congresistas me cuentan que tienen hijos gais y me piden consejo para manejar esa situación.

¿Cuál es el Top Tres de políticos mentirosos del país?

Aquí tenemos hartos Trump… Siguiente pregunta.

¿Se arrepiente de haber votado por Petro para las presidenciales?

Sí.

¿Por qué?

Porque creo que estos dos años han probado que Petro es mala persona. Comparto su visión en muchos aspectos, pero tiene una incapacidad de ejecución que probó en la Alcaldía y su actitud es siempre de “conmigo o contra mí”. Con eso no comulgo. Estoy curada del fanatismo, repito, desde la época de Samper.

¿Se ha vuelto a encontrar con el expresidente Samper?